Alguien dijo que un libro es bueno cuando a su final el lector escribe la página siguiente. Y eso es lo que ocurre y ojalá que siga ocurriendo con “Mujeres que corren con los lobos”. No es lo que nos dice, sino todo lo que es capaz de despertar en nuestras entrañas, en las entrañas de la tierra misma. Es el Río bajo el Río, es invitarnos a sentir realmente sed y a dejarnos arrastrar en busca de ese agua clara que es el alimento de la vida creativa. Es como dejar la puerta del alma de la Mujer Salvaje entornada, invitándonos a que seamos nosotras las encargadas de abrir más o menos esta puerta. A nosotras nos corresponde decidir hasta donde abrir y hasta cuando mantenerla con ese grado de apertura.
Es la segunda vez que leo este libro y siempre me dice algo nuevo, algo que necesito oír y justo lo que andaba buscando. Creo que hay una palabra, relativamente nueva, para definir esto que digo: "Serendipity".
La primera vez que lo leí y tras terminar cada cuento, tenía la sensación de que no existiría otra historia que pudiera superar aquella que acababa de leer. Pero nada más lejos de la realidad. No era azarosa la secuenciación de estos cuentos. Cada cuento te llevaba de la mano con extremo cuidado y delicadeza al siguiente y era requisito "sine qua non" haber leído el anterior para acceder a éste.
Esta mañana llegué a la playa y volví a leer la primera parte del capítulo 10 titulado “El agua clara: El alimento de la vida creativa”. Y no pude hacer otra cosa que compartir su lectura con las amigas que me encontré. Si os parece también compartiré con vosotras (¡y ojalá que con vosotros!) algunas de las frases e ideas con las que me quedé:
“La creatividad cambia de forma. En determinado momento tiene una forma y al siguiente tiene otra. Es como un espíritu deslumbrador que se nos aparece a todos, pero que no se puede describir, pues nadie se pone de acuerdo acerca de lo que ha visto en medio de aquel brillante resplandor. ¿Son el manejo de los pigmentos y los lienzos o los desconchados de la pintura y el papel de la pared unas pruebas de su existencia? ¿Qué tal el papel y la pluma, los macizos de flores que bordean la calzada del jardín o la construcción de una universidad? Sí, por supuesto. ¿Planchar bien el cuello de una camisa, organizar una revolución? También. ¿Tocar amorosamente las hojas de una planta, concertar el “acuerdo de tu vida”, cerrar el telar, encontrar la propia voz, amar bien a alguien? ...”
“ ... la capacidad creativa de una mujer es su cualidad más valiosa, pues se ve por fuera y la alimenta por dentro a todos los niveles: psíquico, espiritual, mental, emotivo y económico.”
Esta segunda cita me llevó a recordar un taller de manualidades al que asistí el curso pasado. Os diré que está ubicado en una zona muy marginal y que las mujeres que asistimos somos de origen muy diverso (afortunadamente para nosotras). Nos dedicamos a trabajar las planchas de acetato que imitan a veces el carey, la concha, el asta de toro, el nácar pasando por toda la gama de colores. Pues bien, con estas planchas nos dedicamos a confeccionar peinetas, peinecillos, pulseras, pendientes,... Nuestra monitora, que es una auténtica Mujer Salvaje (aunque ella no tiene ni idea de serlo ni conoce a Clarissa Pinkola Estés), nos suministra algunos diseños, a veces suyos y otras sacados de revistas. Cuando, después de un fin de semana creativo, aparecemos por el taller y le mostramos lo que hemos sido capaces de hacer a partir del diseño original, nos dice orgullosa: "¡Qué lobas!" La primera vez que lo oí no reparé en “Mujeres que corren con los lobos” pero esta mañana tomé conciencia de lo que encerraban estas dos palabras y me sentí realmente muy cerca de la manada.
“Cuando una mujer dice su verdad, cuando enciende su intención y su sentimiento y permanece en estrecho contacto con la naturaleza salvaje, canta y vive en el río del aliento salvaje del alma.” (Mujeres que corren con los lobos)
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